A primera vista lo más sorprendente al llegar a Camprodón, es su peculiar forma geográfica: en forma de Y griega. Y es que esta característica convierte al territorio de Camprodón, en un paisaje divido entre los ríos Ter y Ritort, que confluyen bajo su antiguo puente del siglo XVI.
Ya desde el año 904, se tienen antecedentes de los asentamientos en este término municipal, cuando se erigió y consagró su primer templo parroquial, que luego devendría en constituir el Monasterio de Sant Pere.
Con el decurso del tiempo hacia el siglo XII, y ante los ataques de piratas y ejercitos rivales, se fortificó la villa con un castillo, el Puig de les Relíquies.
Actualmente, y producto de las sucesivos núcleos poblados que se fueron formando, Camprodón se constituyó en dos núcleos urbanos: el de su ribera norte, teniendo como cabecera el río Ritort, y el otro formado en la margen derecha, con la ribera del río Ter.
A finales del siglo XIX, Camprodón vió ampliar hacia un tercer núcleo urbanizado su entorno, al dar paso a su naciente desarrollo como villa de veraneo.